4 diciembre de 2021, Sábado de la primera semana de Adviento

12/3/2021 5:45:25 PM
Lectionary: 180
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Primera Lectura Is 30, 19-21. 23-26

Esto dice el Señor Dios de Israel:

“Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén,

ya no volverás a llorar.

El Señor misericordioso, al oír tus gemidos,

se apiadará de ti y te responderá, apenas te oiga.

Aunque te dé el pan de las adversidades

y el agua de la congoja,

ya no se esconderá el que te instruye;

tus ojos lo verán.

Con tus oídos oirás detrás de ti una voz que te dirá:

‘Éste es el camino.

Síguelo sin desviarte,

ni a la derecha, ni a la izquierda’.

El Señor mandará su lluvia

para la semilla que siembres

y el pan que producirá la tierra

será abundante y sustancioso.

Aquel día, tus ganados pastarán en dilatadas praderas.

Los bueyes y los burros que trabajan el campo,

comerán forraje sabroso,

aventado con pala y bieldo.

En todo monte elevado y toda colina alta,

habrá arroyos y corrientes de agua

el día de la gran matanza,

cuando se derrumben las torres.

El día en que el Señor vende las heridas de su pueblo

y le sane las llagas de sus golpes,

la luz de la luna será como la luz del sol;

será siete veces mayor,

como si fueran siete días en uno’’.

Salmo Responsorial Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6

R. (Is 30, 18) Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Alabemos al Señor, nuestro Dios,

porque es hermoso y justo el alabarlo.

El Señor ha reconstruido Jerusalén

y a los dispersos de Israel los ha reunido.

R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.

El Señor sana los corazones quebrantados

y venda las heridas,

tiende su mano a los humildes

y humilla hasta el polvo a los malvados.

R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.

El puede contar el número de estrellas

y llama a cada una por su nombre.

Grande es nuestro Dios, todo lo puede;

su sabiduría no tiene límites.

R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.

El Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey;

él vendrá a salvarnos.

R. Aleluya.

Evangelio Mt 9, 35–10, 1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: “Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.

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