29 de noviembre de 2021, Lunes de la primera semana de Adviento

11/28/2021 6:01:36 PM
Lectionary: 175
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Primera Lectura Is 2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén:

En días futuros, el monte de la casa del Señor

será elevado en la cima de los montes,

encumbrado sobre las montañas,

y hacia él confluirán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán:

“Vengan, subamos al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob,

para que él nos instruya en sus caminos

y podamos marchar por sus sendas.

Porque de Sión saldrá la ley,

de Jerusalén, la palabra del Señor”.

Él será el árbitro de las naciones

y el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados

y de las lanzas, podaderas;

ya no alzará la espada pueblo contra pueblo,

ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha!

Caminemos a la luz del Señor.

Salmo Responsorial Salmo 121, 1-2. 3-4a (4b-5. 6-7) 8-9

R. (cf. 1) Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron:

“Vayamos a la casa del Señor”!

Y hoy estamos aquí, Jerusalén,

jubilosos, delante de tus puertas.

R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

A ti, Jerusalén, suben las tribus,

las tribus del Señor,

según lo que a Israel se le ha ordenado,

para alabar el nombre del Señor.

R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

Digan de todo corazón: “Jerusalén,

que haya paz entre aquellos que te aman,

que haya paz dentro de tus murallas

y que reine la paz en cada casa”.

R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

Por el amor que tengo a mis hermanos,

voy a decir: “La paz esté contigo”.

Y por la casa del Señor, mi Dios,

pediré para ti todos los bienes.

R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Sal 79, 4

R. Aleluya, aleluya.

Señor y Dios nuestro, ven a salvarnos;

míranos con bondad y estaremos a salvo.

R. Aleluya.

Evangelio Mt 8, 5-11

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. Él le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos”.

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