26 noviembre 2022, Sábado de la XXXIV semana del Tiempo ordinario

11/25/2022 9:06:22 PM
Lectionary: 508
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Primera lectura Apoc 22, 1-7

El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, el río del agua que da la vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En el centro de la plaza de la ciudad y en cada lado del río, crecía un árbol de la vida, que daba doce cosechas al año, una cada mes, y sus hojas sirven para dar la salud a las naciones. Ahí no habrá ya ninguna maldición.

En la ciudad estará el trono de Dios

y el del Cordero,

y sus servidores le darán culto,

lo verán cara a cara,

y llevarán su nombre en la frente.

Ahí no habrá ya noche

ni habrá necesidad de lámparas o de sol,

porque el Señor Dios los iluminará con su luz

y reinarán por los siglos de los siglos.

Luego el ángel me dijo: “Estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. El Señor Dios, que inspiró a los profetas, ha enviado su ángel para comunicar a sus servidores lo que tiene que suceder en breve. Ya estoy a punto de llegar. Dichoso quien le hace caso al mensaje profético contenido en este libro”.

Salmo Responsorial Salmo 94, 1-2. 3-5. 6-7

R. Demos gracias al Señor.

Vengan, lancemos vivas al Señor,

aclamemos al Dios que nos salva.

Acerquémonos a él llenos de júbilo

y démosle gracias. R.

R. Demos gracias al Señor.

Porque el Señor es un Dios grande,

es un rey más grande que todos los dioses:

en sus manos están los abismos de la tierra

y son suyas las cumbres de los montañas;

el mar es suyo, pues él lo hizo,

y también la tierra, pues la formó con sus manos. R.

R. Demos gracias al Señor.

Vengan, y puestos de rodillas,

adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,

pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo,

él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R.

R. Demos gracias al Señor.

Aclamación antes del Evangelio Cfr Lc 21, 36

R. Aleluya, aleluya.

Velen y oren,

para que puedan presentarse sin temor

ante el Hijo del hombre.

R. Aleluya.

Evangelio Lc 21, 34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre’’.

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