10 de octubre de 2021, XXVIII Domingo ordinario

10/9/2021 4:40:44 PM
Lectionary: 143

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Primera Lectura Sab 7, 7-11

Supliqué y se me concedió la prudencia;

invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría.

La preferí a los cetros y a los tronos,

y en comparación con ella tuve en nada la riqueza.

No se puede comparar con la piedra más preciosa,

porque todo el oro, junto a ella, es un poco de arena

y la plata es como lodo en su presencia.

 

La tuve en más que la salud y la belleza;

la preferí a la luz, porque su resplandor nunca se apaga.

Todos los bienes me vinieron con ella;

sus manos me trajeron riquezas incontables.

 

Salmo Responsorial Salmo 89, 12-13. 14-15. 16-17

R. Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Enséñanos a ver lo que es la vida,

y seremos sensatos.

¿Hasta cuándo, Señor, vas a temer

compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo? R.

R. Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Llénanos de tu amor por la mañana

y júbilo será la vida toda.

Alégranos ahora por los días

y los años de males y congojas. R.

R. Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos

puedan mirar tus obras y tu gloria.

Que el Señor bondadoso nos ayude

y dé prosperidad a nuestras obras. R.

R. Sácianos, Señor, de tu misericordia.

 

Segunda Lectura Heb 4, 12-13

Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.

 

Aclamación antes del Evangelio Mt 5, 3

R. Aleluya, aleluya.

Dichosos los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los cielos.

R. Aleluya.

 

Evangelio Mc 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.


O bien:  Mc 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven’’. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

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